ARANTXA CALVO, 26.
Soprano
Criada en la cantera del Teatre Principal de Palma, la Manhattan School y la Mannes School de Nueva York le han abierto las puertas para hacer de ella una de las cantantes líricas más importantes del siglo XXI. Ganadora de la beca Monserrat Caballé y Bernabé Martí, una de las más prestigiosas del país, su futuro no tiene límites, según los entendidos.
“Mis padres eran asiduos a la Temporada de ópera del Teatre Principal. Cuando cumplí 11 años, en lugar de dos entradas, sacaron tres. Recuerdo aquella noche de La Traviata. Me pasé una semana cantando en casa. Mis padres vieron que tenía buena voz y me llevaron para probar en el coro del Principal”. Así empieza la historia de Arantxa, una chica normal que cuando abre sus pulmones sobre el escenario se agiganta hasta dejar boquiabierto al personal.
Su interminable lista de premios, becas y distinciones la ha llevado a cruzar el océano. La cosa va más que en serio y la niña que cantaba por los pasillos de casa es hoy una de las voces más hermosas del panorama lírico. “Para llegar a ser buena de verdad necesito cumplir 30 años. Sólo entonces mi voz será de verdad madura. Me marcho a Estados Unidos porque la escuela americana es muy buena, la mejor para hacer que la voz suene como un instrumento dentro del cuerpo”.
Por las características de su voz, encuadrada como soprano lírica, los papeles que más se adaptan a sus condiciones son mitos como la Micaela de Carmen, la Fiordiligi de Cosi fan Tutte, la Liu de Turandot o la Condesa de Las Bodas de Fígaro, entre otras. “El mundo de la ópera es muy difícil, requiere una constancia, un trabajo y una disciplina especiales, debido a la competencia tan brutal que existe”. Agradecida sobre todos al maestro musical Xisco Bonnín, cuando llegue el momento espera dar con un buen agente que la mueva por los escenarios más sagrados del mundo, algo que, sólo pensarlo, le pone la piel de gallina.

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